El amor de mi visa

el amor de mi visa

Respirábamos libertad. Habíamos deliberadamente escapado de la presión social y económica de nuestros países para empezar una nueva vida. Estudiar afuera era el pretexto para dejarlo todo, pero, en el fondo, buscábamos aventura, amor, sexo, adrenalina y emancipación. En el aeropuerto, nos despedíamos sabiendo que regresaríamos un día llenos de experiencias y ganas de sacar adelante nuestro país.\r\n\r\nAños de fiesta, encuentros y aprendizajes multiculturales nublaron la promesa de volver. Nuestra existencia se alimentó del elixir de tierras extranjeras desatando así el espíritu viajero. Queríamos seguir explorando el mundo hasta alcanzar nuestros sueños. Irnos obligados porque la visa de “emprendedor-apasionado” no existía, era como renunciar a la libertad que habíamos ganado. Aferrados al presente, creíamos en el amor sin artificios. Así que frente a una partida ineludible, una presagiada prueba de amor nos fue propuesta como un acuerdo de solidaridad : “¿Entonces, qué? ¿Nos casamos y con eso se puede quedar? ¡No sea boba, si no funciona, nos separamos y ya está!”\r\n

El matrimonio por papeles

\r\nEnamorados, creamos nuestro propio concepto del matrimonio en el que la conveniencia del valioso presente reemplaza la incertidumbre de una unión perpetua. Enfrentamos, con el riguroso discernimiento de que quienes asumen plenamente las responsabilidades de sus actos, la crítica social que nos predestinaba una inevitable ruptura. Después de reflexionar acerca del tema del divorcio, asentimos que evitaríamos todo chantaje, sufrimiento o desgarre emocional porque, por encima de todo, nuestro compromiso en la vida era fortalecernos mas no destruirnos. Concluimos que nuestra realización personal sería necesaria para mantener la armonía de nuestra pareja. Queríamos desarrollar nuestros propios proyectos profesionales sin tener que sacrificarlos en nombre de una unión eterna. A pesar de la aflicción que conlleva una ruptura, queríamos vivirla como una oportunidad para aprender y seguir creciendo en vez de padecerla como una fatalidad. Hablamos incluso de tener hijos, de las diferencias culturales entre nuestras familias y de todos esos asuntos que interfieren en la vida de pareja. Con las cartas sobre la mesa, nos arriesgamos a vivir nuestra propia realidad dejando de lado los preceptos sociales. Nos casamos por una visa y vivimos felizmente el presente.\r\n

El matrimonio del presente

\r\nNo juramos estar juntos hasta que la muerte nos separe pero, tampoco escogimos la facilidad de divorciarnos al primer obstáculo. Optamos finalmente por apreciar cada instante que pasamos juntos para crecer como pareja y ser motor uno del otro. Puede que, algún día, nuestros proyectos sean totalmente incompatibles y debamos separarnos pero, por ahora, hemos logrado sortear los momentos difíciles.\r\n\r\nTal vez, mi teoría sobre la separación se desmorone frente a la realidad de un divorcio, pero la experiencia me ha demostrado lo contrario. Lejos de ser nuestro matrimonio una excepción, mis amigos que se han divorciado tras una unión por papeles, mantuvieron con tesón la promesa de no destruirse. Además, no se arrepienten de haberlo hecho porque actuaron por amor. Se arriesgaron a amar sin condiciones y asumieron las consecuencias. De hecho, no todos los matrimonios por una visa se concluyen en divorcios. Unos aprovechan para transmitir la doble nacionalidad a nuevas generaciones trayendo al mundo mocosos de rasgos exóticos. Otros prefieren resguardar celosamente su intimidad hasta sentirse preparados para fundar una familia. Ciertos, con o sin hijos, se van a vivir al país que su pareja dejó, algún tiempo atrás, con la ilusión de regresar.\r\n\r\nEn pocas palabras, nos casamos por papeles porque basamos nuestra unión en el amor, la confianza y colaboración. No dejamos que las reglas de inmigración ni el que dirán rigieran nuestro destino. Ahora, cuando me pregunta por que me casé y si realmente quiero a mi marido, me complace afirmar que: “¡Encontré el amor de mi visa!”.

2 Comentarios

  • Nathalie dice:

    Salud jijuemadre! Me encanta. No solo por la veracidad de las palabras pero por la sutilidad con la que entendemos que vivimos en un mundo de puras creencias.

  • Catalina Patiño dice:

    Nath,\r\nEste artículo lo escribí pensando mucho en la conversación que tuvimos hace muchos años cuando nos volvimos a ver. ¡Ese día concluí que usted es una berraca! ¡Gracias por la inspiración!

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